miércoles, 16 de octubre de 2013

Paloma


Una lágrima cae por su rostro.

Delante, la cara de él; que sigue hablando, da explicaciones. Ella no escucha. Ya ha oído lo que tenía que oír, el resto le da igual. Deja que la pena inunde su cuerpo, que lo recorra lentamente, que empiece desde los pies y se expanda hasta la cabeza, haciendo un pleno en el corazón.

No se seca ni las lágrimas, él acerca su mano mientras sigue hablando. Su cara refleja compasión y eso a ella todavía le duele más, no lo puede soportar.
Seguir viéndolo es una tortura que parece que nunca vaya a acabar. A cada palabra que oye, una aguja más se le clava en el corazón.

Las lágrimas siguen cayendo. No hay sollozo, solo lágrimas que caen. Por fin, él calla y ella... Ella sigue sin inmutarse, quieta, paralizada por el dolor que está oprimiendo su corazón y así permanece. 5 minutos más, inmóvil. En la cara de él empieza a aparecer el nerviosismo. No le da tiempo a abrir la boca, ella se adelanta:

-Si has decidido que así se escriba el final, que así sea.

Él trata de responder algo, pero antes de hablar, ella acerca rápidamente su dedo a la boca del joven y susurra un "shhh". Acto seguido, gira sobre ella misma, tranquila, impasible. Gira y se va. Anda lentamente hasta llegar a la puerta, respira hondo, se seca las lágrimas. Coge con decisión el pomo de la puerta y la abre.

Paloma lo deja atrás.

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