jueves, 10 de octubre de 2013

María

2 am, un oscuro sendero y ella caminando. Sus pasos son cortos y ligeros, tanto, que parece que flote sobre el camino.

Lleva un vestido rojo aterciopelado, precioso que le llega justo hasta las finas rodillas que asoman cada vez que se dispone a dar un paso. Se la ve segura con él puesto, como si le trajera algún tipo de suerte.

Sigue por el camino; ese trozo de carretera, entre los densos árboles, que  recorre cada día a la misma hora. Pero siempre que llega a la bifurcación, gira y se marcha de nuevo a casa. Pero hoy… Sí, hoy será diferente. Llegará al destino que tantos dolores de cabeza le ha traído, al destino el cual ha estado meses debatiendo si llegar o no, el destino que cambiará su vida…

Ahora ya anda más decidida, sigue dándole vueltas a eso que tanto la atormenta. Una lágrima cae por su mejilla y se apresura a sacársela. No quiere que nadie la vea llorar, aunque el sendero esté desierto.

Sigue andando, camina y camina y por fin… por fin llega. Llega a la bifurcación. Su corazón late, se apresura cada vez más intensamente. Parece que se le va a salir del pecho. Trata de clamarse, respirando. Tras cinco minutos y ver que el nerviosismo no cede, decide proseguir.

Pasados seis abetos, llega. Llega a su destino. Una verja negra la separa de su nueva vida, la empuja con decisión y se adentra en un precioso jardín. Anda a través de él hasta llegar a un enorme portalón y toca; toca el timbre.
La puerta se abre tras tres segundos. Aparecen un hombre y una mujer de avanzada edad, sonríen mirando a María. Ella les mantiene la mirada, tratando de que ningún sentimiento se apodere de su rostro.

La pareja de ancianos se aparta de manera que pueda pasar María, y María…. María pasa, María entra en la casa, María se adentra y se despide así de un pasado, un presente y un futuro que nunca más podrá alcanzar.
María empieza de nuevo.

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