martes, 29 de octubre de 2013

Alicia

Negro, oscuridad total. Ella, entra cuidadosamente en la habitación donde duerme su hijo, al que arropa y da un cálido beso en la frente. Mientras lo hace, el dolor y la tristeza la ahogan, no puede creerse que ese sea el último día en el que podrá vivir bajo un techo.

Alicia está en el paro, muchas son las deudas y poco el dinero que llega a casa. Prioriza la alimentación de su hijo a la maldita hipoteca, es una gran madre. La suerte nunca ha estado de su parte, quedó viuda muy joven, justo cuando el crío nació, y desde entonces, ha luchado contra viento y marea para darle la mejor vida que estuviera en sus humildes manos. Pero hasta aquí ha llegado, Alicia se ha derrumbado, Ya no hay solución ni salida a esas deudas que la han ido asfixiando poco a poco... hasta hoy. El fin ha llegado.

Se dirige a la cocina, coge una copa y se sirve un poco de vino tinto; se da un último capricho. Bebe, bebe y bebe, pero las ansiedades no desaparecen. Por su mente circulan millones de preguntas sin respuestas: "¿dónde viviremos ahora?", "¿qué comeremos?", "¿saldremos algún día de ésta?" y lo más triste es que no tiene a nadie que se la spueda responder.

Y mientras Alicia sigue inmersa en encontrar salida de ese pozo sin fondo en el que están, sigue tomando vino. Bebe hasta que tal es la presión a la que se encuentra sometida, que cae rendida por el sueño encima de la mesa, Alicia está spla, abandonada a su suerte. 
La lucha por la supervivencia con la que había lidiado durante años concluye con una catastrófica y dramática derrota para ella.

Nadie la puede ayudar. Dejemos que el destino la acoja en su compasión... O no...

miércoles, 16 de octubre de 2013

Paloma


Una lágrima cae por su rostro.

Delante, la cara de él; que sigue hablando, da explicaciones. Ella no escucha. Ya ha oído lo que tenía que oír, el resto le da igual. Deja que la pena inunde su cuerpo, que lo recorra lentamente, que empiece desde los pies y se expanda hasta la cabeza, haciendo un pleno en el corazón.

No se seca ni las lágrimas, él acerca su mano mientras sigue hablando. Su cara refleja compasión y eso a ella todavía le duele más, no lo puede soportar.
Seguir viéndolo es una tortura que parece que nunca vaya a acabar. A cada palabra que oye, una aguja más se le clava en el corazón.

Las lágrimas siguen cayendo. No hay sollozo, solo lágrimas que caen. Por fin, él calla y ella... Ella sigue sin inmutarse, quieta, paralizada por el dolor que está oprimiendo su corazón y así permanece. 5 minutos más, inmóvil. En la cara de él empieza a aparecer el nerviosismo. No le da tiempo a abrir la boca, ella se adelanta:

-Si has decidido que así se escriba el final, que así sea.

Él trata de responder algo, pero antes de hablar, ella acerca rápidamente su dedo a la boca del joven y susurra un "shhh". Acto seguido, gira sobre ella misma, tranquila, impasible. Gira y se va. Anda lentamente hasta llegar a la puerta, respira hondo, se seca las lágrimas. Coge con decisión el pomo de la puerta y la abre.

Paloma lo deja atrás.

jueves, 10 de octubre de 2013

María

2 am, un oscuro sendero y ella caminando. Sus pasos son cortos y ligeros, tanto, que parece que flote sobre el camino.

Lleva un vestido rojo aterciopelado, precioso que le llega justo hasta las finas rodillas que asoman cada vez que se dispone a dar un paso. Se la ve segura con él puesto, como si le trajera algún tipo de suerte.

Sigue por el camino; ese trozo de carretera, entre los densos árboles, que  recorre cada día a la misma hora. Pero siempre que llega a la bifurcación, gira y se marcha de nuevo a casa. Pero hoy… Sí, hoy será diferente. Llegará al destino que tantos dolores de cabeza le ha traído, al destino el cual ha estado meses debatiendo si llegar o no, el destino que cambiará su vida…

Ahora ya anda más decidida, sigue dándole vueltas a eso que tanto la atormenta. Una lágrima cae por su mejilla y se apresura a sacársela. No quiere que nadie la vea llorar, aunque el sendero esté desierto.

Sigue andando, camina y camina y por fin… por fin llega. Llega a la bifurcación. Su corazón late, se apresura cada vez más intensamente. Parece que se le va a salir del pecho. Trata de clamarse, respirando. Tras cinco minutos y ver que el nerviosismo no cede, decide proseguir.

Pasados seis abetos, llega. Llega a su destino. Una verja negra la separa de su nueva vida, la empuja con decisión y se adentra en un precioso jardín. Anda a través de él hasta llegar a un enorme portalón y toca; toca el timbre.
La puerta se abre tras tres segundos. Aparecen un hombre y una mujer de avanzada edad, sonríen mirando a María. Ella les mantiene la mirada, tratando de que ningún sentimiento se apodere de su rostro.

La pareja de ancianos se aparta de manera que pueda pasar María, y María…. María pasa, María entra en la casa, María se adentra y se despide así de un pasado, un presente y un futuro que nunca más podrá alcanzar.
María empieza de nuevo.