Verde, lo único que ve desde hace una semana. Es verano y luce el sol, Clara ha preferido no escoger la costa este mes de agosto, el aire de la montaña es mas tranquilo y sereno.
Allí está, en una pequeña casita sola. Después de un mal año, ha escogido algo donde ella sale beneficiada por una vez. Ha cogido su pequeño coche rojo y se ha dirigido a uno de los pueblos más pequeños y escondidos, sus amigos y familiares no saben donde está sólo saben el día de su regreso. Se ha instalado en una vivienda muy acogedora, sin comunicación apenas, si Internet y lo más importante... sin nadie que conozco.
Por las mañanas, disfruta de un buen café mientras el sol acaricia sus piernas en el jardín y ve el trigo crecer. Adora coger su bicicleta y dar largos paseos. Por las tardes se pone guapa, luce aquel vestido rojo que le sienta tan bien y pasea por las calles de piedra. Por la noche disfruta de ese buen libro con esa dedicatoria tan especial en la contraportada... quizás no ha sido tan buena idea llevarlo con ella. Cuando acaba, descansa. Descansa todo lo que no ha podido descansar durante el año.
Lleva así 7 días y aún le quedan 20 más. está encantada, la ciudad la oprimía, tantos problemas, tanto pensar en si podría herir a alguien con cualquiera de sus actos... cuando con ella no han tenido ningún reparo.
Alejarse, la única manera que ha encontrado de estar con la verdadera Clara. ser ella la que decida qué hacer cada día y no depender de nadie.
Le esperan largos días pero os aseguro que la Clara que regresará será más adulta, más madura y se querrá más que nuca.
lunes, 7 de julio de 2014
lunes, 12 de mayo de 2014
Ella
Está perdida, tras dos años enteros, su vida ha dado un giro por completo. Se encuentra sola y un tanto desamparada, era fuerte... o eso creía ella. Los muros se derrumban y caen encima de su cada vez más frágil cuerpo, no reacciona, no se aparta, deja que todo el dolor venga de golpe.
Se da cuenta de que hay gente a su alrededor, mucha, que está ahí para lo que necesite. Pero ella sabe bien lo que quiere y, no es eso... Pero creedme, es lo que necesita, por mucho que sea esquiva y no se deje ayudar, lo necesita de corazón.
Los días pasan y ella, parece avanzar. Justo cuando da los primeros pasos más encaminados, el pasado vuelve a ella para hacer que se venga abajo. Y sufre... No puede hablar con nadie, pues su dolor aumenta hasta límites insospechados con el recuerdo. Delante de la gente que la cuida intenta aparentar la fortaleza que hace días que ha perdido por completo, por dentro está muerta y se desahoga de la única manera en la que no hay que interactuar con nadie, escribiendo.
Se siente pequeña. Desea que pasen los días rápido para meterse en su cama, su pequeño refugio infranqueable, donde el dolor duele menos, las lágrimas son menos intensas y los llantos se calman antes. Sabe que pasará página pero aún no es el momento.
Se da cuenta de que hay gente a su alrededor, mucha, que está ahí para lo que necesite. Pero ella sabe bien lo que quiere y, no es eso... Pero creedme, es lo que necesita, por mucho que sea esquiva y no se deje ayudar, lo necesita de corazón.
Los días pasan y ella, parece avanzar. Justo cuando da los primeros pasos más encaminados, el pasado vuelve a ella para hacer que se venga abajo. Y sufre... No puede hablar con nadie, pues su dolor aumenta hasta límites insospechados con el recuerdo. Delante de la gente que la cuida intenta aparentar la fortaleza que hace días que ha perdido por completo, por dentro está muerta y se desahoga de la única manera en la que no hay que interactuar con nadie, escribiendo.
Se siente pequeña. Desea que pasen los días rápido para meterse en su cama, su pequeño refugio infranqueable, donde el dolor duele menos, las lágrimas son menos intensas y los llantos se calman antes. Sabe que pasará página pero aún no es el momento.
lunes, 3 de marzo de 2014
Gabriela
Gris muy oscuro, casi negro. Así es como Gabriela ve los días que pasan tras de sí. La decepción y la tristeza recorren su fino cuerpo, el frío se cuela entre sus huesos y hace días que la sonrisa no se pasea por su cara como de costumbre.
Esa bonita sonrisa la ha cambiado por llantos, a veces demasiado intensos incluso para su propio bien, pero no puede remediarlo. A veces las lágrimas caen sin motivo aparente, pero su tristeza parte toda de la misma base. Poco a poco se siente más y más pequeña, nota que su mundo se reduce, sólo está ella y se da cuenta que realmente es a la única a la que necesita... a ella misma.Atrás ha dejado las emociones y la confianza ciega. Cuánto más siente, más expuesta queda y, parece ser que ella es la única en sufrir las consecuencias. No quiere basar sus buenos momentos en los demás, quiere ser capaz de crearse su propia felicidad; sin cuerdas que la aten, sin explicaciones que dar. Pensar mucho en ella, bastante menos en los demás.
Poco a poco se ha dado cuenta de que las personas que más le importaban y más falta le hacían, son totalmente indispensables. Quizás son aquellas personas en las que no ha puesto su atención, las que más la valorarían.
Ahora Gabriela quiere dar, dar el máximo, pero esta vez, sin esperar nada a cambio. Porque así la vida solo se llena de alegría, ninguna decepción podrá volver a oscurecer sus días. Pero para llegar a este punto, debe toar decisiones que pueden ser duras, pero van a hacer que pueda volver a sentirse una persona dichosa.
Gabriela está dispuesta a quererse.
jueves, 9 de enero de 2014
Lucía
Azul, cielo despejado. Pasos frágiles, a conjunto con la dueña. Una maleta en una mano y el pasaporte a una vida nueva en la otra.

Cruza el asfalto para llegar a la otra parte de la acera, ¿serán esos sus últimos pasos en Barcelona? Sí, lo serán. No había tenido nada tan claro en toda su vida. Se iba para no volver jamás.
Lucía entra en el aeropuerto; vuelos internacionales, ya no hay vuelta atrás. Embarca rápidamente para no poder recular, debe ser fuerte.
En las casas de su familia y amigos más cercanos ha dejado cartas, le faltaba valor para afrontar duros cara a cara y despedidas, tampoco quería dar explicaciones. En las cartas se despide de ellos, no desvela su destino, pero les manda mucho amor. Al fin y al cabo, son las personas a las que más quiere o ha querido. La mayoría de esas cartas son un hasta siempre.
Lucía quiere cambiar de vida, reinventarse; tiene que deshacerse de TODO su pasado. Muchas cosas la atormentan: personas, lugares, recuerdos... Pero se tranquiliza pensando que todos los problemas se diluirán en el inmenso océano que está a punto de cruzar y así, poder vivir en paz.
Y así termina ella... entrando en un avión donde no conoce a nadie. Se sienta y sonríe, tranquila, satisfecha.
Abandona Barcelona, portadora de tantos disgustos, desazones, inquietudes y dolor, mucho dolor.
Cruza el asfalto para llegar a la otra parte de la acera, ¿serán esos sus últimos pasos en Barcelona? Sí, lo serán. No había tenido nada tan claro en toda su vida. Se iba para no volver jamás.
Lucía entra en el aeropuerto; vuelos internacionales, ya no hay vuelta atrás. Embarca rápidamente para no poder recular, debe ser fuerte.
En las casas de su familia y amigos más cercanos ha dejado cartas, le faltaba valor para afrontar duros cara a cara y despedidas, tampoco quería dar explicaciones. En las cartas se despide de ellos, no desvela su destino, pero les manda mucho amor. Al fin y al cabo, son las personas a las que más quiere o ha querido. La mayoría de esas cartas son un hasta siempre.
Lucía quiere cambiar de vida, reinventarse; tiene que deshacerse de TODO su pasado. Muchas cosas la atormentan: personas, lugares, recuerdos... Pero se tranquiliza pensando que todos los problemas se diluirán en el inmenso océano que está a punto de cruzar y así, poder vivir en paz.
Y así termina ella... entrando en un avión donde no conoce a nadie. Se sienta y sonríe, tranquila, satisfecha.
Abandona Barcelona, portadora de tantos disgustos, desazones, inquietudes y dolor, mucho dolor.
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