Está perdida, tras dos años enteros, su vida ha dado un giro por completo. Se encuentra sola y un tanto desamparada, era fuerte... o eso creía ella. Los muros se derrumban y caen encima de su cada vez más frágil cuerpo, no reacciona, no se aparta, deja que todo el dolor venga de golpe.
Se da cuenta de que hay gente a su alrededor, mucha, que está ahí para lo que necesite. Pero ella sabe bien lo que quiere y, no es eso... Pero creedme, es lo que necesita, por mucho que sea esquiva y no se deje ayudar, lo necesita de corazón.
Los días pasan y ella, parece avanzar. Justo cuando da los primeros pasos más encaminados, el pasado vuelve a ella para hacer que se venga abajo. Y sufre... No puede hablar con nadie, pues su dolor aumenta hasta límites insospechados con el recuerdo. Delante de la gente que la cuida intenta aparentar la fortaleza que hace días que ha perdido por completo, por dentro está muerta y se desahoga de la única manera en la que no hay que interactuar con nadie, escribiendo.
Se siente pequeña. Desea que pasen los días rápido para meterse en su cama, su pequeño refugio infranqueable, donde el dolor duele menos, las lágrimas son menos intensas y los llantos se calman antes. Sabe que pasará página pero aún no es el momento.