lunes, 3 de marzo de 2014

Gabriela


Gris muy oscuro, casi negro. Así es como Gabriela ve los días que pasan tras de sí. La decepción y la tristeza recorren su fino cuerpo, el frío se cuela entre sus huesos y hace días que la sonrisa no se pasea por su cara como de costumbre.

Esa bonita sonrisa la ha cambiado por llantos, a veces demasiado intensos incluso para su propio bien, pero no puede remediarlo. A veces las lágrimas caen sin motivo aparente, pero su tristeza parte toda de la misma base. Poco a poco se siente más y más pequeña, nota que su mundo se reduce, sólo está ella y se da cuenta que realmente es a la única a la que necesita... a ella misma.

Atrás ha dejado las emociones y la confianza ciega. Cuánto más siente, más expuesta queda y, parece ser que ella es la única en sufrir las consecuencias. No quiere basar sus buenos momentos en los demás, quiere ser capaz de crearse su propia felicidad; sin cuerdas que la aten, sin explicaciones que dar. Pensar mucho en ella, bastante menos en los demás.

Poco a poco se ha dado cuenta de que las personas que más le importaban y más falta le hacían, son totalmente indispensables. Quizás son aquellas personas en las que no ha puesto su atención, las que más la valorarían.

Ahora Gabriela quiere dar, dar el máximo, pero esta vez, sin esperar nada a cambio. Porque así la vida solo se llena de alegría, ninguna decepción podrá volver a oscurecer sus días. Pero para llegar a este punto, debe toar decisiones que pueden ser duras, pero van a hacer que pueda volver a sentirse una persona dichosa.

Gabriela está dispuesta a quererse.